Antes de conocer a mi marido, tuve una relación con un tipo a quien no le gustaba la comida china. Eso se convirtió en un problema, porque a mí me encanta esa comida. Cada vez que salíamos, debíamos descartar la idea de ir a un restaurante chino. Cuando esa relación terminó, decidí que debía conservar algunas preferencias a toda costa con mi próximo novio y una de esas preferencias era la comida china.
En aquella época yo tenía alrededor de 25 años de edad y mi mente se concentraba en hombres con potencial para el matrimonio. Decidí hacer una lista de las cualidades y los rasgos que quería encontrar en mi futuro esposo. La lista incluía ideas como "le encanta viajar", "quiere tener hijos" y "tiene una sólida ética de trabajo". Al recordar mi relación previa, agregué: "debe disfrutar de la comida china". La lista tenía un total de 36 puntos... admito que algunos eran triviales, pero yo los anoté con convicción. No iba a conformarme con alguien que no cumpliera todos los requisitos de mi lista.
Conocí a mi actual esposo unos meses después de escribir todo eso y pronto descubrí que cumplía con 35 de los 36 requisitos, y sí... ¡le encantaba la comida china! El único punto que no cumplía era el de ser mayor que yo. Lo dejé pasar, porque él apenas tenía dos meses menos de edad.
Unos de mis alimentos favoritos, además de la comida china, son los frijoles negros, en cualquier preparación. De hecho, me gustan los frijoles en general: pintos, negros, rojos, refritos. Cualquier cosa que sea frijol, seguro me encanta. Unos años después de casados, descubrí que mi marido detesta los frijoles. Ay, no... ¡no de nuevo! ¿Sería eso causal de divorcio? Era lo más lógico de suponer, ¿no te parece? La verdad es que yo lo considero como una situación pefecta. Verás: cuando vamos a comer a nuestro restaurante mexicano favorito, ¿adivina quién deja de lado los frijoles en su plato? Encontré a alguien que con todo gusto me pasa los frijoles... Somos una pareja perfecta.
Por supuesto, luego aparecieron nuevos amantes de los frijoles (mis hijos), es decir que tengo que compartirlos, pero en términos generales los frijoles de esta casa son mi pertenencia. Mira lo que sucede con esta deliciosa sopa de frijoles negros, por ejemplo. Yo preparo la sopa, casi todos (excepto mi marido) la tomamos como plato principal y después recibo las sobras. También preparo suficiente para congelar y usar en otro momento. Si mi esposo fuese un aficionado a los frijoles, yo no me daría el lujo de tomar restos de sopa de frijoles negros.
Si eres fanático de los frijoles negros, prueba preparar esta simple y deliciosa receta de sopa. Es abundante como para compartir y si tienes la misma suerte que yo, tendrás también suficiente para guardar y comer en otro momento.
Sopa de Frijoles Negros
45 min. | 15 min. de prep.
PORCIONES: 4
1 1/2 tazas de caldo de carne
1 1/2 tazas de agua
1 cebolla pequeña, picada
3 latas de frijoles negros
1 taza de salsa (común o picante para obtener un sabor más fuerte)
1 cucharadita de comino
Crema agria y queso cheddar en hebras para decorar (opcional)
1. Escurre y enjuaga dos de las latas de frijoles negros y déjalos aparte.
2. Con un pisapapas, haz un puré con los frijoles sin enjuagar y su jugo de la lata restante.
3. Agrega la salsa y el comino en el puré de frijoles, revuelve y deja la mezcla apartada.
4. En una olla de tamaño mediano, combina el caldo, el agua y la cebolla picada; lleva la mezcla a hervor. Deja hervir lentamente hasta que las cebollas estén tiernas.
5. Agrega los frijoles enjuagados y los pisados a la olla y revuelve bien.
6. Hierve a fuego lento durante 30 minutos.
7. Decora cada tazón con un poco de queso rallado y una cucharada de crema agria.